Cómo preparar una presentación en una tarde (sin aprenderla de memoria)

Te avisan el lunes de que el jueves presentas los resultados del trimestre. Abres un documento en blanco y empiezas a escribir frases enteras, como si fueras a leerlas. Es lo más habitual, y también lo que más nervios da después: si se te olvida una palabra, se te cae todo.

En sesión trabajamos justo al revés. No se prepara un texto: se prepara un recorrido. Y para eso basta con una tarde.

Primera hora: decide qué quieres que se lleven

Antes de abrir las diapositivas, contesta por escrito a una sola pregunta: si mañana alguien resume tu presentación en una frase, ¿qué frase te gustaría oír? Esa es tu idea central. Todo lo que no la sostenga sobra.

Después elige tres apoyos, no más: un dato, un ejemplo y una consecuencia. Tres es lo que la gente recuerda sin esfuerzo.

Segunda hora: ordena el recorrido

  • Abre con la situación, no con el índice: qué está pasando y por qué importa hoy.
  • Desarrolla los tres apoyos, cada uno con una frase de entrada que puedas decir sin mirar.
  • Cierra con lo que pides: una decisión, un siguiente paso, una fecha.

Escribe solo las frases de entrada de cada bloque. Lo demás lo vas a decir con tus palabras, y eso es lo que hará que suenes natural.

No memorices el texto. Memoriza el camino: por dónde entras, por dónde pasas y dónde quieres acabar.

Tercera hora: ensaya en voz alta (de verdad)

Repasar mentalmente no cuenta. Ponte de pie, cronométrate y dilo entero dos veces. La primera saldrá torpe; la segunda, mucho mejor. Si puedes, grábate con el móvil y escúchate una vez: descubrirás dónde corres y dónde te quedas sin aire.

Con esto llegas al jueves sabiendo qué vas a decir y, sobre todo, sabiendo cómo volver al camino si algo se tuerce. Esa es la verdadera tranquilidad.

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